A veces, para encontrarse a una misma, hay que huir de los focos de la Gran Vía y buscar el silencio que solo ofrecen las piedras milenarias. Y no, no busques en la costa ni en islas privadas.
La actriz María Hervás, que nos ha robado el corazón como la inolvidable Amaya en ‘Machos Alfa’, tiene un secreto que ha decidido compartir. Un lugar donde el tiempo se detiene y el estrés de los rodajes desaparece por arte de magia.
Se trata de Navaluenga. Un rincón que, aunque se siente como una extensión de Madrid por su cercanía, pertenece a la provincia de Ávila y esconde un tesoro que pocos conocen (sí, nosotros ya estamos buscando la ruta en Google Maps).
No es una elección al azar. Para María, este pueblo es su kilómetro cero, el escenario de sus veranos de infancia y el aire puro que necesita para resetear la mente tras un estreno agotador.
Aguas cristalinas a un paso de la capital
Lo que hace que Navaluenga sea el destino viral del momento son sus piscinas naturales. El río Alberche se remansa a su paso por el pueblo, creando zonas de baño que parecen sacadas de una postal del norte, pero con el sol de Castilla.
Sus puentes románicos no solo son una joya arquitectónica, sino el trampolín natural hacia unas aguas tan transparentes que cuesta creer que estemos a poco más de una hora de Madrid.
Es el oasis definitivo para quienes buscan huir del asfalto sin tener que conducir media jornada. Un microclima privilegiado a los pies de la Sierra de Gredos que te hará olvidar que el termómetro marca máximas en la ciudad.
Dato clave: Navaluenga se sitúa en el Valle del Alberche, una zona famosa por su biodiversidad y por ser el pulmón verde que conecta Madrid con la Castilla más profunda.
Caminar por sus calles es hacer un viaje al pasado. María Hervás lo define como esa «paz melancólica» que solo se encuentra en las raíces auténticas. Es el lujo de la simplicidad.
Pero no todo es contemplación. Si eres de los que no pueden estar quietos, el entorno ofrece rutas de senderismo que te dejarán sin aliento (y no solo por el esfuerzo, sino por las vistas de Gredos).
Gastronomía de altura: El chuletón es el protagonista
Ir al pueblo favorito de María Hervás y no comer bien es, directamente, un pecado. Aquí el chuletón de Ávila es el rey absoluto de la mesa, pero hay mucho más.
Hablamos de una cocina de verdad, de la que alimenta el cuerpo y el alma. Patatas revolconas con sus torreznos crujientes y legumbres de la zona que te reconcilian con el mundo.
Es ese «combustible» que permite a nuestros actores favoritos aguantar jornadas de rodaje infinitas. Es el sabor de lo auténtico, sin esferificaciones ni nombres complicados.
Consejo de Inés: Si vas en grupo, pregunta por los asados tradicionales en horno de leña. Es una experiencia religiosa que merece la pena compartir (y fotografiar).
El «Efecto Navaluenga»: Por qué tú también necesitas ir
¿Por qué los actores de éxito como María Hervás o su compañero Carlos Areces vuelven siempre al pueblo? Porque en la vida rural no hay personajes, solo personas.
La hospitalidad de los vecinos de Navaluenga es legendaria. Te reciben con los brazos abiertos, ya seas una estrella de Netflix o un senderista despistado en busca de una fuente.
El beneficio estrella de esta escapada es la desconexión total. Aquí la cobertura a veces falla, y créeme, es lo mejor que te puede pasar un sábado por la tarde.
Es el lugar perfecto para imitar a María: apagar el móvil, calzarse unas botas cómodas y dejar que el sonido del río Alberche haga el resto del trabajo.
Letra pequeña importante: Durante los meses de julio y agosto, las piscinas naturales son un imán de visitantes. Si buscas la paz de la que habla la actriz, intenta ir un martes o un miércoles. Tendrás el paraíso para ti solo.
Cómo planificar tu escapada al refugio de ‘Amaya’
Llegar es extremadamente fácil. Solo tienes que enfilar la M-501 (la famosa carretera de los pantanos) y dejarte guiar por el paisaje que va cambiando de la llanura a la montaña.
Es el plan ideal para ir en pareja, con amigos o incluso solo, para reencontrarte contigo mismo como hace la propia María Hervás.
Al final, visitar Navaluenga es darnos cuenta de que no necesitamos cruzar el océano para encontrar aguas cristalinas y paz absoluta. Lo tenemos aquí al lado, esperándonos con un vino de la tierra y una puesta de sol de película.
¿Vas a seguir envidiando los stories de María Hervás o vas a ser tú quien suba la foto desde el puente románico este domingo?
Nos vemos en la orilla del Alberche. Yo estaré cerca de la zona de sombra, con un buen libro y cero ganas de volver a la oficina.








