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8 de agosto de 2026, 00:10

Escapadas

Qué ver en Camboya: El error fatal que todas cometemos al viajar a Camboya (y la ruta oculta que sí debes hacer)

Lucía Bernal de la Vega

Por Lucía Bernal de la Vega

07 de agosto, 2026 7 min de lectura

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Templo de Angkor Wat y lotos, Camboya
Templo de Angkor Wat y lotos, Camboya

Llevas meses cuadrando las vacaciones para ese gran viaje soñado al Sudeste Asiático. Aterrizas, te haces la foto de rigor frente a un par de piedras antiguas y te marchas pensando que ya dominas el destino.

Ese es exactamente el fallo garrafal que está arruinando el presupuesto y los días libres de miles de viajeras españolas este mismo año. Creemos que tachar un monumento de la lista justifica el vuelo intercontinental.

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(Sí, nosotras también caímos en esa trampa de novatas la primera vez que cruzamos el charco).

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Pero el secreto mejor guardado de la península indochina no sale en las postales de las agencias de viajes tradicionales. Las masas miran hacia un lado mientras la verdadera magia ocurre a sus espaldas.

Hablamos de Camboya. Un país que es infinitamente más complejo, rico y fascinante que el famosísimo recinto arqueológico de Angkor Wat.

Si tu plan es pisar únicamente la ciudad de Siem Reap durante tres días para luego saltar a Tailandia, te lo decimos sin rodeos: estás tirando tu dinero a la basura.

Los datos de las autoridades turísticas no mienten. La inmensa mayoría de visitantes internacionales apenas gasta 72 horas en territorio camboyano. Un visado pagado a precio de oro completamente desperdiciado.

La solución definitiva para amortizar ese vuelo exige ampliar tu radar. Hay que mirar hacia el sur, hacia las provincias olvidadas y hacia un litoral que todavía respira autenticidad.

El truco definitivo para sobrevivir a los templos de Angkor

Que quede claro: nadie niega que el epicentro del antiguo imperio Jemer es un lugar alucinante. Pero enfrentarse a él sin una estrategia sólida es un suicidio turístico garantizado.

La inmensa mayoría comete el error de ir a ver el amanecer al templo principal junto a otras diez mil personas armadas con palos selfie. Agobio asegurado a las cinco de la mañana.

La jugada inteligente es invertir el recorrido convencional que hacen los autobuses turísticos. Exige a tu conductor de tuk-tuk que empiece la ruta por el templo de Ta Prohm a primera hora.

Es el icónico escenario de película devorado por las raíces gigantescas de las higueras. Si llegas antes que los grupos, lo tendrás casi en exclusiva para ti. El silencio allí te pone los pelos de punta.

Tampoco puedes saltarte Bayon, el templo de las misteriosas caras sonrientes gigantes. Perderse por sus pasillos de piedra es una experiencia hipnótica.

Para exprimir esta zona sin morir de agotamiento (el calor húmedo es implacable), la norma de oro es comprar el pase de tres días. Te permite dosificar las visitas y volver al hotel en las horas centrales del mediodía.

Phnom Penh: la bofetada de realidad imprescindible

Huir de la capital por miedo al tráfico es el segundo gran error del viajero estándar. Phnom Penh es una urbe caótica, ruidosa y absolutamente magnética que te atrapa si le das una oportunidad.

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Para entender de verdad la sonrisa inquebrantable del pueblo camboyano actual, tienes que mirar de frente a su pasado más oscuro y aterrador.

La visita al museo del genocidio de Tuol Sleng, conocido como la prisión S-21, te encoge el estómago. Es una lección de historia durísima, pero vital para conectar con la realidad del país.

Justo después de eso, necesitas aire puro. Pasear al atardecer por el animado paseo fluvial donde confluyen el río Mekong y el Tonlé Sap te devuelve la esperanza de golpe.

Verás a cientos de locales haciendo aeróbic al aire libre, comiendo en puestos callejeros y celebrando la vida. La resiliencia de esta gente es sencillamente de otro planeta.

Kampot y el rincón que los franceses intentaron ocultar

Aquí es donde tu viaje sube al siguiente nivel. Olvida las masificaciones del norte por un momento y pon rumbo directo hacia las provincias del sur.

Kampot es una auténtica joya detenida en el tiempo. Sus calles de herencia colonial francesa y ese ambiente relajado a orillas del río te atraparán más días de los que tenías planeados.

Esta zona es mundialmente famosa por cultivar una de las mejores pimientas del planeta. Alquilar una pequeña moto y perderte por las plantaciones es una actividad imprescindible.

Y a menos de media hora de ruta, te espera el legendario mercado de cangrejos de Kep. Sentarte frente al mar a devorar marisco fresco cocinado con pimienta verde por unos pocos euros es un lujo asiático oculto.

Koh Rong Sanloem: la alternativa viral a las playas tailandesas

¿Buscabas playas paradisíacas de arena blanca? El golfo de Tailandia está saturado. El refugio definitivo de las expertas en viajes está frente a las costas de la polémica ciudad de Sihanoukville.

Hablamos de la remota isla de Koh Rong Sanloem. Ojo, detalle crucial: no la confundas con su hermana mayor (Koh Rong a secas), que se ha convertido en el epicentro de la fiesta mochilera.

Sanloem apenas tiene infraestructuras. Es arena fina como la harina, una selva impenetrable a tus espaldas y un agua tan cristalina que parece irreal.

Pero el plato fuerte llega de madrugada. Si te metes en el mar cuando la playa está completamente a oscuras, verás el plancton bioluminiscente brillar a tu alrededor con cada movimiento.

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Es pura magia visual, sin necesidad de filtros de Instagram ni ediciones raras. Un espectáculo natural que muy pocos destinos en el mundo pueden ofrecer hoy en día.

La trampa de la gastronomía y los mercados

Otro fallo común es sobrevivir a base de comida occidental mediocre por miedo a los sabores locales. La cocina jemer es la gran incomprendida del sudeste asiático.

Es mucho menos picante que la tailandesa y menos herbácea que la de Vietnam, pero tiene un equilibrio de sabores dulces y salados que crea adicción.

Tu obligación moral es pedir un buen Fish Amok. Es un curry suave de pescado cocinado al vapor en hojas de plátano que se deshace en la boca. Acompañado de arroz jazmín, es la gloria bendita.

Y para las carnívoras, el Beef Lok Lak es la solución rápida y sabrosa. Tiras de ternera salteadas con una salsa adictiva y un huevo frito coronando el plato. Nuestro bolsillo agradece lo barato que es comer en los mercados nocturnos.

La letra pequeña: visados, estafas comunes y transporte

No todo va a ser idílico. Moverse por este rincón de Asia requiere cierta picardía para no caer en las típicas trampas diseñadas para exprimir al turista novato.

El dato vital para tu cartera: Cuidado con la doble moneda. Oficialmente el país funciona con el Riel camboyano, pero la economía está dolarizada. El truco maestro de las viajeras expertas es pagar hoteles y billetes de autobús en dólares estadounidenses, y guardar los rieles para regatear en el mercado y comprar comida callejera. Y atención: si tus billetes de dólar tienen una mínima arruga o rotura, te los rechazarán sin miramientos en todas partes.

En cuanto al transporte urbano, olvídate de negociar precios a pleno sol discutiendo en la calle. Es agotador y siempre saldrás perdiendo.

La solución pasa por descargar la aplicación Grab (el Uber asiático) o la local PassApp antes de salir de casa.

Fijar el precio exacto de tu trayecto en tuk-tuk desde la pantalla del móvil te ahorrará disgustos, estafas y varios euros al día *(y créeme, tu paz mental no tiene precio)*.

El reloj corre en tu contra

El ecosistema turístico del sudeste asiático está mutando a una velocidad de vértigo. Las grandes corporaciones extranjeras están comprando terrenos y cambiando el paisaje rápidamente.

Esa autenticidad cruda y maravillosa que todavía respira el país tiene una fecha de caducidad muy próxima. Las macro-construcciones ya amenazan seriamente varias zonas del litoral sur.

Ir ahora significa ver el país en ese punto dulce: infraestructuras suficientes para viajar cómoda, pero sin el colapso absoluto de sus países vecinos.

Si además logras combinar este destino con una ruta por el norte de Laos, la jugada logística es simplemente maestra.

Ya tienes la información clasificada, conoces la ruta que nadie hace y sabes exactamente qué peajes económicos debes evitar a toda costa.

Tomar el control de tu itinerario y alejarte del rebaño te acaba de convertir en la viajera más astuta de todo tu grupo de amigas.

¿Lista para empezar a buscar vuelos o seguimos dejando que otras nos cuenten cómo es el paraíso?

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Lucía Bernal de la Vega

Lucía Bernal de la Vega

Lucía Bernal de la Vega es periodista especializada en narrativa de viajes, patrimonio histórico y urbanismo cultural. Su mirada se detiene en la identidad profunda de los destinos,…

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