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8 de agosto de 2026, 00:23

Escapadas

Qué ver en Gante: 6 paradas para enamorarte de la ciudad más rebelde (y viva) de Bélgica

Lucía Bernal de la Vega

Por Lucía Bernal de la Vega

07 de agosto, 2026 4 min de lectura

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Gante
Gante

Gante tiene un problema: es tan bonita que duele. Pero a diferencia de otras ciudades belgas que parecen museos al aire libre, Gante está rabiosamente viva. Es una ciudad universitaria, creativa y con un punto canalla que te atrapa desde el primer minuto.

Si vas a visitarla en 2026, olvida las rutas de 15 minutos. Gante se merece que te pierdas por sus callejones de piedra y que te sientes a ver la vida pasar frente al agua. Aquí el diseño moderno convive con el gótico más oscuro de una forma que solo los flamencos saben gestionar.

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Apunta, porque esto es lo que tienes que ver en Gante si quieres exprimir cada segundo de tu escapada al corazón de Europa.

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Graslei y Korenlei: El muelle más bonito del mundo

No exagero. Los muelles de Graslei (de las hierbas) y Korenlei (del grano) son el epicentro de la ciudad. Las fachadas de las antiguas casas gremiales se reflejan en el canal del Lys creando una estampa que parece un decorado de cine.

Nuestro consejo de experta: no te limites a pasar por el puente de San Miguel para la foto. Baja al muelle, siéntate en el borde con una cerveza local y simplemente observa. Es el punto de encuentro favorito de los ganteses y donde mejor se siente el pulso de la ciudad.

¿Un secreto? Gante tiene un plan de iluminación urbana premiado internacionalmente. Si puedes, quédate a dormir. Cuando cae la noche, los edificios se iluminan estratégicamente creando una atmósfera mágica que nada tiene que ver con la luz del día.

El Castillo de los Condes: Fortaleza en pleno centro

Es casi irreal encontrarse con un castillo medieval tan imponente, el Gravensteen, justo en mitad de la ciudad moderna. Sus fosos, sus almenas y su historia de torturas (tienen un museo de instrumentos bastante gráfico) lo convierten en una visita obligatoria.

Lo mejor del castillo no es solo su historia, sino las vistas panorámicas que tienes desde la torre del homenaje. Desde allí puedes ver las «tres torres» de Gante alineadas: la de la Iglesia de San Nicolás, el Campanario (Belfort) y la Catedral de San Bavón.

La Adoración del Cordero Místico: El tesoro recuperado

En la Catedral de San Bavón se encuentra una de las obras de arte más importantes (y más robadas) de la historia: el políptico de los hermanos Van Eyck. Tras años de restauración, verlo en su nueva vitrina de cristal es una experiencia que te deja sin palabras.

Es el culmen del primitivo flamenco. El nivel de detalle es tan absurdo que podrías pasarte horas mirando cada panel. Aunque no seas una experta en arte, la energía que desprende esta obra justifica por sí sola el viaje a Gante.

Patershol: El barrio donde se come de lujo

Si buscas donde cenar y quieres huir de los menús turísticos de «moules-frites», dirígete a Patershol. Es el barrio más antiguo y con más encanto, un laberinto de calles estrechas donde se concentran los mejores restaurantes de la ciudad.

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Aquí la oferta va desde la cocina tradicional flamenca (tienes que probar el Waterzooi, un guiso de pollo o pescado con crema que es gloria bendita) hasta propuestas de fusión internacional. Es el rincón más acogedor y romántico de Gante, sin ninguna duda.

El Puente de San Miguel: El kilómetro cero

El St. Michielsbrug es el único punto desde el que puedes ver las tres torres medievales de la ciudad en fila. Es la foto que todo el mundo busca y con razón. Pero más allá de la cámara, es un lugar para entender la geografía del placer de esta ciudad.

Desde aquí ves el bullicio de los barcos turísticos, la majestuosidad de los edificios y el flujo constante de bicicletas. En Gante, la bici es la reina absoluta, así que ten cuidado al cruzar; ¡ellos no frenan!

El toque dulce: Cuberdons y narices de Gante

No te puedes ir sin probar los Cuberdons. Son unos caramelos con forma de cono, de color violeta y rellenos de un sirope de frambuesa que explota en la boca. Se les conoce cariñosamente como «narices de Gante».

Busca los carritos tradicionales en la plaza Groentenmarkt. A veces hay «guerra de narices» entre los vendedores, lo que le añade un toque divertido a la compra. Es el azúcar que necesitas para seguir caminando.

Un aviso para navegantes: si vas a moverte en tren desde Bruselas o Brujas, recuerda que la estación de Gent-Sint-Pieters está a unos 20 minutos caminando del centro. Coge el tranvía número 1 y estarás en el meollo en un abrir y cerrar de ojos.

Gante es esa ciudad a la que siempre quieres volver porque nunca terminas de conocerla del todo. ¿Te animas a descubrir por qué es la favorita de todos los que visitan Flandes? No digas que no te avisamos: engancha.

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Lucía Bernal de la Vega

Lucía Bernal de la Vega

Lucía Bernal de la Vega es periodista especializada en narrativa de viajes, patrimonio histórico y urbanismo cultural. Su mirada se detiene en la identidad profunda de los destinos,…

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