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Qué ver en Logroño: El manual para conquistar la capital del Rioja sin perderte lo mejor

Lucía Bernal de la Vega

Por Lucía Bernal de la Vega

07 de agosto, 2026 5 min de lectura

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Logroño es esa ciudad que te abraza nada más llegar. No necesita rascacielos ni monumentos faraónicos para conquistarte; le basta con el aroma a vino, el sonido de las copas brindando y la hospitalidad de su gente. Es la capital de La Rioja, y aquí el tiempo se mide en «cortos» y conversaciones sin prisa.

El error de novato es pensar que Logroño solo ocurre por la noche. Si quieres saber qué ver en Logroño en este 2026, descubrirás una ciudad con un casco antiguo recuperado que es una auténtica joya del gótico y el barroco, además de ser una parada clave en el Camino de Santiago que deja huella en su arquitectura.

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Olvídate de las dietas por un fin de semana. Logroño es el epicentro del buen comer y mejor beber de España. Pero más allá de su famosa Laurel, hay museos, puentes con historia y calados subterráneos que esconden secretos centenarios. ¿Te vienes de ruta con nosotras?

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La Calle Laurel: El kilómetro cero de la felicidad

Es imposible hablar de qué ver en Logroño sin empezar por la Calle Laurel. Es mucho más que una calle de bares; es una institución. Aquí no se cena sentado: se «potea». Cada local tiene su especialidad, y lo ideal es probar una sola tapa en cada uno acompañada de un buen Crianza.

No puedes irte sin probar el «champi» del Bar Soriano (un clásico imbatible), las patatas bravas del Jubera o el «Tío Agus» del Lorenzo. Pero ojo, que la Calle San Juan le está ganando terreno entre los locales que buscan un ambiente algo más tranquilo pero con la misma calidad de producto. (Apúntatelo, que este tip es de los que marcan la diferencia).

Truco de Lucía: Si vas en fin de semana, intenta llegar antes de las 13:30 para el vermú o de las 20:30 para la cena. La Laurel se llena hasta la bandera y el arte de hacerse un hueco en la barra requiere paciencia y pericia.

La Concatedral de la Redonda y sus gemelas

En plena Plaza del Mercado se alza la Concatedral de Santa María de la Redonda. Lo que más te llamará la atención son sus torres, conocidas como «las gemelas», que dominan el skyline logroñés. Es un ejemplo perfecto del barroco riojano que te dejará sin palabras.

Pero el gran secreto está en su interior: una pequeña pintura de El Calvario atribuida nada menos que a Miguel Ángel Buonarroti. Sí, has leído bien. Una joya del Renacimiento italiano escondida en el corazón de La Rioja. Es una parada obligatoria que muchos turistas pasan por alto por las prisas de irse de pinchos.

El Camino de Santiago y el Puente de Hierro

Logroño es una ciudad volcada al Ebro. El Camino de Santiago entra por el Puente de Piedra, donde los peregrinos sellan sus credenciales y dejan parte de su energía. Pero para vistas espectaculares, tienes que pasear por el Puente de Hierro al atardecer; la luz reflejada en el río es pura magia para tu Instagram.

Pasear por la Rúa Vieja te permite sentir esa atmósfera jacobea. Allí encontrarás el Albergue de Peregrinos y la Iglesia de Santiago el Real, con su impresionante fachada donde Santiago Matamoros vigila la ciudad. Es la parte más espiritual y auténtica que ver en Logroño, lejos del bullicio gastronómico.

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¿Sabías que bajo las casas del casco antiguo existen cientos de «calados»? Son túneles subterráneos del siglo XVI donde antiguamente se elaboraba y guardaba el vino. Algunos son hoy restaurantes o museos visitables.

Espacio Lagares y la cultura del vino

Para entender por qué esta ciudad vive por y para la vid, tienes que visitar el Espacio Lagares. Es un centro de interpretación donde verás restos arqueológicos de antiguos lagares de piedra. Es la mejor forma de comprender que el vino no es solo una bebida aquí, sino una forma de vida que se remonta a siglos atrás.

Si tienes tiempo, no dejes de visitar alguna bodega urbana como Franco-Españolas. Está a un paso del centro cruzando el río y es donde Hemingway solía disfrutar de sus tintos. Ver las hileras de barricas descansando en la penumbra es una experiencia que te conecta con la tierra de una forma visceral.

El Cubo del Revellín y la victoria contra los franceses

Cerca de la Puerta del Camino se encuentra el Cubo del Revellín, los restos de las antiguas murallas que protegían la ciudad. Cada 11 de junio, Logroño celebra las fiestas de San Bernabé, conmemorando la victoria sobre las tropas francesas en 1521.

Dice la leyenda que los logroñeses sobrevivieron al asedio comiendo pan, peces y vino. Por eso, durante las fiestas, se reparten estos alimentos. Ver el campamento renacentista y las recreaciones históricas es un plan imprescindible si visitas la ciudad en junio. La historia aquí se palpa en las piedras.

Advertencia importante: Logroño cierra casi por completo los domingos por la tarde y los lunes por descanso del personal en hostelería. Planifica tu viaje para que el grueso de tus rutas gastronómicas caiga en viernes o sábado.

Parque del Ebro: Un pulmón verde para desconectar

Si necesitas bajar la comida, nada mejor que un paseo por el Parque del Ebro. Son kilómetros de senderos junto al río, ideales para ver a los locales haciendo deporte o simplemente para disfrutar del silencio. Es el contrapunto perfecto al ajetreo del centro histórico.

Desde aquí puedes ver la silueta de la ciudad y entender su escala humana. Logroño no es grande, pero es inmensa en detalles. Es una capital donde el lujo no está en lo caro, sino en lo auténtico: una conversación, una copa de Rioja y el sabor de un pimiento del piquillo recién asado.

Logroño te va a enamorar porque no pretende ser nada más de lo que es: una ciudad acogedora, orgullosa de sus raíces y con una alegría de vivir envidiable. ¿Te hemos convencido ya para que sea tu próxima escapada? ¡Nos vemos en la Laurel!

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Lucía Bernal de la Vega

Lucía Bernal de la Vega

Lucía Bernal de la Vega es periodista especializada en narrativa de viajes, patrimonio histórico y urbanismo cultural. Su mirada se detiene en la identidad profunda de los destinos,…

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