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7 de agosto de 2026, 23:45

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Qué ver en Plasencia: La «Perla del Jerte» que esconde dos catedrales y un secreto entre murallas

Lucía Bernal de la Vega

Por Lucía Bernal de la Vega

07 de agosto, 2026 4 min de lectura

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Plasencia
Plasencia

Plasencia tiene algo que otras ciudades patrimonio envidian: una elegancia natural que no necesita filtros. Fundada para «placer a Dios y a los hombres», la ciudad cumple su promesa en cada esquina de su casco histórico.

Si visitas Plasencia este 2026, vas a notar que el norte de Extremadura está más vivo que nunca. Es el punto de partida ideal para el Valle del Jerte, pero la ciudad en sí misma es un laberinto de piedra donde la historia se te echa encima de la mejor manera posible.

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Olvida las prisas. Plasencia es para caminarla con un buen calzado y los ojos muy abiertos. Esto es lo que tienes que ver en Plasencia si quieres vivir la experiencia auténtica del «buen vivir» extremeño.

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Dos catedrales por el precio de una

Es el gran hito de la ciudad. Plasencia no tiene una catedral, sino dos que se funden en un solo edificio. La Catedral Vieja (románica) y la Catedral Nueva (renacentista y plateresca) forman un conjunto arquitectónico que te deja sin palabras.

Fíjate en la fachada de la Catedral Nueva. Es una explosión de detalles en piedra que parecen encaje. Mi rincón favorito es el Retablo Mayor y el coro, considerado uno de los más bellos de España por su talla casi imposible. (Sí, vas a querer hacerle fotos a cada ángel y cada detalle).

Un consejo de experta: no te pierdas el claustro de la Catedral Vieja. Es un oasis de paz donde el tiempo parece haberse detenido en el siglo XIII. Es el lugar perfecto para bajar pulsaciones y disfrutar del silencio.

La Muralla y el Torreón de Lucía

Plasencia está abrazada por una de las murallas mejor conservadas de la península. Caminar bajo sus arcos es como cruzar una puerta en el tiempo. El Torreón de Lucía es el punto más emblemático, donde antiguamente se encendía una hoguera para guiar a los caminantes.

Hoy puedes recorrer varios tramos y asomarte a sus puertas, como la Puerta del Sol o la de Trujillo. Es el plan ideal para ver cómo la ciudad moderna ha ido creciendo respetando el cinturón de piedra que la protegió durante siglos.

La Plaza Mayor: El pulso del Abuelo Mayorga

Todo en Plasencia termina o empieza en la Plaza Mayor. Es una plaza castellana de libro, porticada y llena de vida. Pero lo que todo el mundo mira (y tú también lo harás) es el tejado del Ayuntamiento.

Allí vive el Abuelo Mayorga, un muñeco autómata que da las horas golpeando la campana desde el siglo XVIII. Es el símbolo de la ciudad y el guardián de la plaza. Tomar una caña bajo los soportales mientras esperas a que el «abuelo» haga su trabajo es un ritual obligatorio.

Palacios y el Barrio Judío

Si te pierdes por las calles que salen de la plaza, te vas a encontrar con una densidad de palacios que asusta. El Palacio del Marqués de Mirabel es, posiblemente, el más espectacular, con su patio renacentista que es pura armonía.

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Muy cerca está el antiguo Barrio Judío, en la zona de la Mota. Aunque queda poco de la judería original, el trazado de las calles y la cercanía al Parador (ubicado en el antiguo convento de Santo Domingo) le dan un aire de misterio que te va a encantar.

El Parque de los Pinos: El pulmón verde

Si necesitas un respiro de tanta piedra, el Parque de los Pinos es tu sitio. No es un parque cualquiera; es un jardín ornitológico donde los pavos reales pasean a sus anchas y la sombra de los árboles centenarios te salva de los días de calor extremeño.

Es el lugar donde las familias placentinas pasan la tarde y donde podrás ver una réplica de la famosa «Cueva del Boquique». Un plan slow para conectar con la naturaleza sin salir de la ciudad.

Gastronomía: El paraíso del pimentón y el ibérico

No se puede ver Plasencia sin comerse Plasencia. Estás en la tierra del Pimentón de la Vera y del mejor jamón ibérico del mundo. Busca los locales cercanos a la calle de los Quesos.

Tienes que probar las patatas revolconas, el zorongollo (ensalada de pimientos asados) y, por supuesto, cualquier plato que lleve el sello de la dehesa extremeña. Y si vas en agosto, no te pierdas el Martes Mayor, una fiesta declarada de Interés Turístico donde la ciudad se convierte en un mercado medieval gigante.

¿Sabías que Plasencia fue candidata a ser capital de España en el siglo XV? Su importancia histórica es tal que caminar por ella es leer un libro de historia viva entre sus muros de granito.

Plasencia es ese destino que te sorprende porque no te esperas que sea tan monumental y, a la vez, tan acogedora. ¿Te vienes a comprobar por qué la llaman la perla del norte de Extremadura?

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Lucía Bernal de la Vega

Lucía Bernal de la Vega

Lucía Bernal de la Vega es periodista especializada en narrativa de viajes, patrimonio histórico y urbanismo cultural. Su mirada se detiene en la identidad profunda de los destinos,…

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