Utilizar la capital histórica del reino de Aragón como campamento base es el pasaporte perfecto para adentrarse en la alta montaña. Buscar pueblos bonitos cerca de Jaca es abrir un mapa repleto de valles verdes, tejados de pizarra con chimeneas espantabrujas y valles fluviales donde el agua del deshielo baja bramando con fuerza.
A pocos minutos de trayecto en coche, el paisaje se vuelve majestuoso. De la arquitectura pirenaica más pura del Valle de Ansó a los balcones floridos reflejados sobre embalses alpinos, la provincia de Huesca custodia aldeas que parecen congeladas en el tiempo.
Si estás organizando una escapada por la Jacetania o quieres completar tu ruta de esquí y senderismo, guarda esta selección con las villas más deslumbrantes que debes visitar.
1. Santa Cruz de la Serós: románico a los pies de San Juan de la Peña
Ubicado a tan solo 15 kilómetros al suroeste de Jaca por la N-240, este pequeño municipio de montaña es una auténtica joya del románico aragonés. Sus calles empedradas conservan la esencia más pura de la arquitectura tradicional pirenaica.
Pasea entre sus caserones de piedra con grandes portadas adoveladas hasta llegar a la Iglesia de San Caprasio y a la imponente Iglesia de Santa María. Además, el pueblo sirve como parada previa obligatoria antes de subir al Real Monasterio de San Juan de la Peña, incrustado bajo una colosal mole rocosa.
2. Canfranc Estación: glamour e historia ferroviaria
Siguiendo la carretera N-330 hacia el norte durante 20 minutos se alcanza Canfranc Estación, situado a casi 1.200 metros de altitud a escasos kilómetros de la frontera con Francia.
Su reclamo indiscutible es la monumental Estación Internacional de Canfranc, un palacio ferroviario de estilo neoclásico e industrial inaugurado en 1928. Tras años de abandono, su rehabilitación como hotel de lujo ha devuelto el esplendor a sus andenes. (No dejes de recorrer el paseo del río Aragón para fotografiar la marquesina de cristal al atardecer).
3. Ansó: tradición y piedra en estado puro
Adentrándose hacia el extremo occidental de la Jacetania, a unos 50 minutos por la A-176, se alza Ansó, catalogado oficialmente como uno de los pueblos más bonitos de España. Su aislamiento geográfico le permitió preservar un patrimonio arquitectónico único.
Sus viviendas de piedra gris están separadas por estrechos pasajes de apenas medio metro conocidos como arteas. Visita el Museo del Traje Ansotano para descubrir la vestimenta tradicional más antigua de Europa y disfruta de la tranquilidad de sus plazas respirando el aire puro del Valle de Ansó.
4. Lanuza: el pueblo renacido sobre el agua
Poniendo rumbo al vecino Valle de Tena por la N-260 durante unos 40 minutos se descubre Lanuza, una aldea de postal encaramada a la orilla del embalse al que da nombre.
A punto de desaparecer en los años ochenta tras la construcción de la presa, el empeño de sus antiguos vecinos logró reconstruir sus caserones de piedra y madera. Hoy en día es mundialmente famoso por acoger el escenario flotante del Festival Pirineos Sur durante los meses de verano.

Tip práctico de Lucía: Si visitas Lanuza durante el verano, aparca tu vehículo en el estacionamiento habilitado en Sallent de Gállego y camina por la agradable senda que bordea el pantano (unos 20 minutos de paseo llano). Te ahorrarás las retenciones de tráfico que se forman en la estrecha carretera de acceso a la aldea.
5. Sallent de Gállego: la capital del Valle de Tena
Ubicado a escasos tres kilómetros de Lanuza y a 40 minutos de Jaca, Sallent de Gállego se alza en la confluencia de los ríos Aguas Limpias y Gállego, vigilado por la imponente mole rocosa de la Peña Foratata.
Cruza su puente medieval de piedra del siglo XVI y piérdete por el centro histórico repleto de rincones con encanto, tiendas de artesanía y acogedoras tabernas. Es el punto de partida ideal para realizar excursiones hacia ibones de alta montaña como el de Respomuso.
El destino en TikTok
Si quieres ver cómo luce este rincón en pleno directo y a través de los ojos de otros viajeros, echa un vistazo a este vídeo:
6. Hecho: el alma del Valle de Echo
A unos 45 minutos hacia el noroeste, en el corazón del Parque Natural de los Valles Occidentales, se encuentra la villa de Hecho (Val de Echo). Sus imponentes caserones con tejados a dos aguas lucen orgullosos sus tradicionales chimeneas troncocónicas.
Caminar por sus callejuelas es escuchar el eco del aragonés cheso, el dialecto local que aún se conserva entre sus habitantes. Además, el municipio alberga el Museo de Arte Contemporáneo al Aire Libre, donde esculturas de piedra se integran con la vegetación del valle.
7. Panticosa: naturaleza y tradición balnearia
Situado a 45 kilómetros de Jaca por la A-136, Panticosa combina el encanto de una villa montañesa de calles empinadas con la fama de sus aguas termales de origen romano.
Aunque la localidad es famosa por su estación de esquí, adentrarse ocho kilómetros más hacia la cabecera del valle permite descubrir el Balneario de Panticosa. Este complejo histórico, ubicado a 1.630 metros de altitud rodeado de picos de más de tres mil metros y un ibón ibérico, ofrece un paisaje de alta montaña sobrecogedor.
8. Torla-Ordesa: la puerta al gran cañón
Aunque pertenece a la comarca del Sobrarbe, a una hora de trayecto cruzando el Puerto de Cotefablo por la N-260, Torla es una parada imprescindible para cualquier viajero que explore el Pirineo Central.
El pueblo se ubica a los pies de la imponente pared rocosa del Mondarruego, ofreciendo una estampa majestuosa. Sus calles de estética medieval con arcos y escudos infanzones son la puerta de entrada natural al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.
9. Aínsa: la fortaleza medieval sobre el Cinca
Siguiendo la ruta hacia el este durante una hora y cuarto se alcanza Aínsa, una de las villas medievales mejor conservadas de la península ibérica, ubicada en la confluencia de los ríos Cinca y Ara.
Su casco histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico, se articula alrededor de una colosal Plaza Mayor porticada del siglo XII. Sube a las torres de su castillo fortificado y visita la Iglesia de Santa María para disfrutar de vistas espectaculares sobre la comarca del Sobrarbe y el embalse de Mediano.
10. Biescas: el cruce de caminos pirenaico
A solo 30 kilómetros de Jaca por la N-260 se sitúa Biescas, un municipio vivo que sirve de bisagra natural entre la Jacetania, el Valle de Tena y la Tierra de Biescas.
Dividido en dos barrios por el cauce del río Gállego, destaca el barrio de San Pedro por sus empinadas callejuelas de piedra y sus arcos centenarios. En sus afueras se ubica la Ermita de Santa Elena, encajada en un barranco místico junto a una cascada natural.
Información útil: Para realizar estas rutas por las carreteras de montaña del Pirineo aragonés es muy recomendable disponer de vehículo propio. Durante los meses de invierno es obligatorio llevar cadenas en el maletero o neumáticos de nieve, ya que los puertos como Cotefablo o el acceso a Canfranc sufren nevadas frecuentes.
¿Por cuál de estas aldeas de piedra vas a empezar tu próxima ruta por el Pirineo?











