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Qué ver en Ribadesella: 9 esenciales que no te puedes perder

Inés Marquina Soler

Por Inés Marquina Soler

04 de septiembre, 2026 7 min de lectura

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El Cantábrico ruge con fuerza mientras el río Sella entrega sus últimas aguas al océano en una bahía de postal. Si estás buscando qué ver en Ribadesella, prepárate para descubrir una de las villas marineras más elegantes y completas de toda la costa de Asturias. Aquí la arquitectura aristocrática convive con el arte rupestre milenario y el aroma a sidra recién escanciada.

Aislada por los Picos de Europa a sus espaldas y abierta al mar por el norte, Ribadesella ha sabido conservar ese aire señorial del siglo XIX sin perder ni un ápice de su autenticidad marinera. Pasear por su paseo marítimo al atardecer es una lección viva de historia y paisaje.

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Tanto si la visitas como parada fija en tu ruta por el norte como si te acercas a pasar el día, esta selección reúne los rincones imprescindibles para exprimir tu estancia al máximo.

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1. Cueva de Tito Bustillo: la joya del arte rupestre

Inscrita en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, la Cueva de Tito Bustillo es uno de los santuarios de arte Paleolítico más importantes de Europa. Descubierta en 1968, sus galerías subterráneas albergan pinturas de caballos, renos y cetáceos que superan los 20.000 años de antigüedad.

El acceso está estrictamente limitado a un número reducido de visitantes al día para garantizar la conservación de los pigmentos. Junto a la cueva se encuentra el Centro de Arte Rupestre, un espacio interactivo perfecto para comprender el contexto arqueológico del yacimiento.

Consejo de experta: Las entradas para la cueva se agotan con meses de antelación durante la primavera y el verano. Reserva la tuya en la web oficial en cuanto tengas fijadas las fechas de tu viaje.

2. Casco histórico y la ruta de los paneles de Mingote

El entramado urbano del casco antiguo de Ribadesella fue declarado Conjunto Histórico Artístico por la conservación de su trazado medieval. Caminar por rúas peatonales como la calle Gran Vía o la calle Oscura revela fachadas con escudos heráldicos, balcones de forja y casonas de los siglos XVI al XVIII.

En el paseo del Muelle encontrarás una joya singular: seis paneles de cerámica diseñados por el célebre dibujante Antonio Mingote. A través de sus viñetas e ilustraciones cargadas de humor, la ruta repasa la historia de la villa desde la Prehistoria hasta la llegada de los primeros turistas.

3. Playa de Santa Marina y las majestuosas casonas de indianos

La playa de Santa Marina impresiona tanto por su amplia concha de arena dorada como por la arquitectura que la flanquea. A finales del siglo XIX y principios del XX, los emigrantes asturianos que hicieron fortuna en América (los «indianos») construyeron allí imponentes palacetes de verano.

Pasear por el muro exterior permite contemplar joyas arquitectónicas como el Chalet de la Marquesa de Argüelles o la Villa del Rosario, con torres neogóticas, azulejos modernistas y palmeras traídas de Ultramar. (Y sí, es uno de los paseos playeros con más clase de todo el Cantábrico).

4. Ermita de la Guía y las mejores vistas en el monte Corberu

Para obtener la mejor panorámica de la villa, el río y el mar, debes subir al monte Corberu. Coronando la cima se encuentra la pintoresca ermita de la Guía, una capilla de estilo renacentista construida en el siglo XVI por la cofradía de mareantes.

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La subida se realiza a través de un sendero arbolado con tramos de escaleras muy accesibles desde el final del paseo del puerto. En el recinto descansan tres cañones históricos apuntando al horizonte, colocados originalmente para defender la bahía de los ataques piratas.

5. El mítico Descenso Internacional del Sella

El puente que cruza la ría no solo une las dos orillas de la villa, sino que marca la meta oficial del famoso Descenso Internacional del Sella («Fiesta de las Piraguas»). Se celebra cada primer sábado de agosto (salvo excepciones del calendario) y reúne a palistas de todo el mundo.

Durante el resto del año, alquilar una canoa y realizar el recorrido lúdico desde Arriondas hasta las inmediaciones de Ribadesella es la actividad de aventura estrella del oriente asturiano. Una experiencia apta para toda la familia entre aguas cristalinas y vegetación exuberante.

El destino en TikTok

Si quieres ver cómo luce este rincón en pleno directo y a través de los ojos de otros viajeros, echa un vistazo a este vídeo:

@roxanazurdo

Nos vamos a Ribadesella unos días 😍

♬ sonido original – RoxanaZurdo

6. Acantilados de Tereñes y las huellas de dinosaurio

A menos de diez minutos en coche del centro urbano se ubica el pedregal de Tereñes, uno de los yacimientos icnológicos más relevantes de la península Ibérica. En los estratos rocosos de sus acantilados se conservan huellas fosilizadas (icnitas) de dinosaurios terópodos y saurópodos del periodo Jurásico.

El descenso hacia la acantilado está señalizado desde el pueblo de Tereñes. Conviene realizar la visita coincidiendo con la marea baja para poder identificar con claridad las pisadas sobre las plataformas de abrasión rocosa.

7. El puerto pesquero y el Paseo de la Granda

La actividad pesquera ha marcado el ADN riosellano durante siglos. El puerto pesquero conserva su lonja de rúa y un ajetreo constante de barcos de bajura que regresan al muelle tras la jornada en alta mar.

El recorrido continúa bordeando el cauce por el tranquilo paseo de la Granda, un camino arbolado que discurre en paralelo a la ría y ofrece una perspectiva privilegiada sobre la vegetación de marisma y las aves acuáticas que anidan en el estuario.

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8. Escaleras de colores y la ruta urbana de murales

En el Paseo del Pico, muy cerca del centro histórico, se han convertido en todo un fenómeno fotográfico las escaleras de colores de Ribadesella. Cada uno de los peldaños de esta escalinata pública luce frases poéticas y motivos cromáticos vibrantes sobre la cultura asturiana.

Un paseo por los callejones colindantes permite descubrir además intervenciones artísticas y murales de arte urbano que añaden un toque contemporáneo y fresco al patrimonio tradicional de la villa.

9. Probar la gastronomía asturiana en las sidrerías locales

No se puede entender un viaje a la Costa Verde sin disfrutar de su cocina. Las sidrerías del casco antiguo y del puerto ofrecen el escenario perfecto para degustar una fabada asturiana bien trabajada, un cachopo jugoso de ternera o pescados frescos de roca como el pixín (rape) o la xarda (caballa).

Restaurantes como El Repico o La Guía son excelentes paradas para acompañar la cena con una botella de sidra natural escanciada al momento. El precio medio por persona para un menú de calidad ronda los 25-35 EUR.

Datos prácticos para organizar tu visita

Planificar la llegada a esta villa de la costa oriental asturiana es ágil y sencillo:

  • Cómo llegar: Se accede cómodamente por la autovía del Cantábrico (A-8). Desde Oviedo o Gijón el trayecto en coche lleva apenas 50 minutos; desde Santander se tarda una hora.
  • Tiempo recomendado: Un día completo es suficiente para ver los puntos principales, pero dedicarle dos días permite hacer el descenso del Sella o explorar los acantilados con calma.
  • Mejor época: De junio a septiembre para disfrutar de la playa y el ambiente de terrazas; la primavera y el otoño para realizar senderismo sin masificaciones.

¿Tienes ya anotada la ruta entre palacetes indianos y acantilados jurásicos o vas a dejar que te sigan contando las maravillas del Sella?

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Inés Marquina Soler

Inés Marquina Soler

Soy Inés Marquina, periodista especializada en viajes, gastronomía y estilo de vida. En Tribuna Viajera escribo sobre hoteles con encanto, restaurantes, escapadas gourmet y ciudades con personalidad, con…

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