Mundaka, en el País Vasco, no es solo un pueblo pesquero, es un templo para los amantes del mar. (Sí, nosotros también nos quedamos hipnotizados viendo cómo rompe el agua en la barra). Si buscas qué ver en Mundaka, prepárate para entrar en el corazón de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, un lugar donde la naturaleza manda y el hombre solo observa.
Famosa en todo el globo por tener una de las diez mejores olas del mundo, esta villa vizcaína ha sabido mantener su esencia de puerto pequeño sin venderse al turismo de masas. Aquí no hay prisas, solo el ritmo de las mareas. Toma nota, porque esto es lo que no puedes dejar pasar en la meca del surf europeo.
La Ola de Mundaka: El espectáculo natural
Aunque no te subas a una tabla, la Ola de Mundaka es el monumento principal. Es una izquierda perfecta, larga y tubular que nace en la barra de la ría de Gernika. Ver a los surfistas deslizarse por túneles de agua cristalina es un show que atrae a gente de California o Australia.
Tip de Experto: La mejor época para ver la ola en todo su esplendor es de otoño a primavera. En verano el mar suele estar más tranquilo, ideal para bañarse pero menos espectacular para el surf de élite.
El mejor sitio para ver este fenómeno es el muro del puerto o el mirador de la Atalaya. (Un secreto: la ola solo aparece con condiciones específicas de viento y marea, así que si la ves romper, siéntete un privilegiado). Es pura adrenalina visual.
Ermita de Santa Katalina: El centinela del mar
Si hay un lugar que define la belleza de Bizkaia, es la Ermita de Santa Katalina. Ubicada en una pequeña península que se adentra en el Cantábrico, esta construcción de transición entre el gótico y el renacimiento parece vigilar la entrada de la ría.
Pasear por sus alrededores es respirar paz. Las murallas que la rodean servían antiguamente para defenderse de los ataques piratas y hoy son el balcón perfecto hacia la Isla de Izaro. Es, sin duda, el lugar más instagrameable del pueblo, especialmente cuando el sol empieza a caer tras el cabo de Ogoño.
El Puerto: El corazón de la villa
El puerto de Mundaka es pequeño, coqueto y profundamente auténtico. Aquí las casas de colores se aprietan contra el agua y las barcas de pesca comparten espacio con los neoprenos de los surfistas. Es el centro neurálgico donde ocurre todo.
La Letra Pequeña: Fíjate en la Cruz de Mundaka, situada cerca del puerto. Es un monumento renacentista que marca el orgullo de esta anteiglesia que, según la tradición, ocupaba el primer asiento en las Juntas Generales de Bizkaia.
Te recomendamos sentarte en una de sus terrazas a tomar un txakoli (el vino blanco local) con unos pintxos. El ambiente es una mezcla fascinante de tradición vasca y cultura surfera internacional. (A nosotros nos encanta el contraste de ver a los jubilados jugando a las cartas mientras chavales de medio mundo pasan con sus tablas al hombro).
Reserva de Urdaibai: Naturaleza en estado puro
Si buscas qué ver en Mundaka y te gusta el senderismo, estás en el sitio correcto. Estás dentro de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. Desde el pueblo salen senderos que te llevan por marismas llenas de aves migratorias y paisajes que cambian radicalmente según la marea.
Puedes cruzar en ferry (en temporada) hasta la playa de Laida, al otro lado de la ría. Es una extensión de arena dorada y aguas tranquilas que parece sacada del Caribe pero con el verdor de los montes vascos. Caminar por la orilla mientras el agua te llega a los tobillos es el mejor remedio contra el estrés.
Gastronomía: Sabor a salitre
En Mundaka se come como en pocos sitios. El pescado aquí llega directo del barco a la brasa. Tienes que probar el bonito del norte (en temporada) o unos buenos chipirones en su tinta. La calidad de la materia prima es sagrada.
No te vayas sin probar la «tarta de Mundaka» o algún dulce local en sus panaderías tradicionales. Y por supuesto, cualquier excusa es buena para un «hamaiketako» (el almuerzo de las once) a base de tortilla de patatas y buen pan de pueblo.
Advertencia Gourmet: Si buscas algo más sofisticado, a pocos kilómetros tienes Bermeo o Gernika, pero la magia de Mundaka está en sus tabernas pequeñas donde el producto manda sobre el mantel de diseño.
Mirador de Portuondo: La vista definitiva
Para terminar tu visita, sube un poco hacia la zona de Portuondo. Hay un mirador (y un famoso restaurante/camping con el mismo nombre) desde donde se ve toda la desembocadura de la ría. Es la perspectiva aérea que te permite entender por qué Urdaibai es Patrimonio de la Humanidad.
Desde aquí verás cómo el río se retuerce entre bancos de arena antes de fundirse con el océano. Es una de las imágenes más potentes de toda la costa vasca y el sitio perfecto para prometer que volverás.
Mundaka es un pueblo que te atrapa por su sencillez y te conquista por su fuerza. Es el lugar donde el surf no es una moda, sino una forma de entender la vida en armonía con el mar. Es, sencillamente, el espíritu del Cantábrico.
¿Vas a seguir viendo la ola por YouTube o vas a venir a Mundaka a sentir el rugido de la barra?




