Soria es una provincia que susurra leyendas al oído de quien sabe escuchar. Si ya has recorrido sus parques y el Duero, te habrás dado cuenta de que el verdadero secreto de esta tierra reside en su periferia. Encontrar pueblos bonitos cerca de Soria es una forma de reconectar con la historia más pura, aquella que se esconde tras muros de piedra, arcos románicos y atardeceres que tiñen el campo de un ocre infinito.
Desde la imponente fortaleza de Gormaz hasta el silencio monástico de sus aldeas, he preparado una ruta para que descubras el alma rural de esta región. Prepara el coche, porque estas pequeñas villas tienen mucho que contarte.
1. Calatañazor: un viaje al medievo absoluto
Llegar a Calatañazor es cruzar una frontera invisible hacia el pasado. Sus calles empedradas, sus casas de arquitectura tradicional con entramado de madera y chimeneas cónicas, y su castillo en ruinas dominando el valle, lo convierten en una visita obligatoria. Dicen que aquí fue donde Almanzor perdió su tambor, y caminando por sus callejuelas, la leyenda se siente más real que nunca.
2. Berlanga de Duero: esplendor renacentista
A poco más de 50 kilómetros de la capital, Berlanga de Duero presume de una silueta difícil de olvidar. Su impresionante castillo domina la villa y la colegiata de Santa María del Mercado es un tesoro arquitectónico que esconde secretos de nobles y reyes. Es el punto de partida perfecto para explorar la historia de la marca del Cid.
3. El Burgo de Osma: monumentalidad en la ribera
Más que un pueblo, El Burgo de Osma es una pequeña ciudad cargada de arte. Su catedral gótica, con toques románicos, es la joya de la corona, pero pasear bajo sus soportales de la Plaza Mayor te hará sentir la vitalidad de esta villa episcopal. No te vayas sin probar sus famosos torreznos; aquí los elevan a la categoría de arte culinario.
4. Medinaceli: el balcón sobre el valle
Situado sobre una colina que domina el valle del Jalón, Medinaceli ofrece una de las estampas más icónicas de Castilla: su arco romano del siglo I, único en España por su triple arcada. Sus calles silenciosas, cargadas de historia celtíbera y árabe, invitan a perderse sin mapa ni brújula mientras disfrutas de unas vistas que parecen no tener fin.
5. Vinuesa: la puerta a los Picos de Urbión
Conocida como la «Corte de los Pinares», Vinuesa es la base perfecta para quienes buscan naturaleza pura. Sus casas solariegas de piedra, muchas de ellas con escudos nobiliarios, nos recuerdan su importancia en la época de la Mesta. Es el punto de acceso ideal si planeas una visita a la Laguna Negra, un paraje natural que ha inspirado a poetas como Machado.
6. San Esteban de Gormaz: cuna del románico
Pasear por San Esteban de Gormaz es hacer un curso intensivo de románico. Sus dos iglesias porticadas, San Miguel y Nuestra Señora del Rivero, son ejemplos magistrales de este estilo. Situado a orillas del Duero, este pueblo conserva ese aire fronterizo que definió la historia de la Reconquista en estas tierras.
7. Yanguas: entre leyendas y empedrados
En el norte de la provincia, casi tocando con La Rioja, Yanguas se despliega como un rincón protegido del tiempo. Con sus torres defensivas, su puente medieval y un casco urbano que mantiene la esencia de las antiguas villas de arrieros, es un remanso de paz para quienes buscan escapar del bullicio urbano y respirar aire de alta montaña.
8. Monteagudo de las Vicarías: murallas y fronteras
Cerca de la frontera con Aragón, Monteagudo de las Vicarías te sorprende con su recinto amurallado y su castillo-palacio que todavía conserva su dignidad señorial. La iglesia de Nuestra Señora de la Muela, con su portada plateresca, es una parada rápida pero intensamente gratificante para los amantes de los detalles arquitectónicos.
El destino en TikTok
Si quieres ver cómo luce este rincón en pleno directo y a través de los ojos de otros viajeros, echa un vistazo a este vídeo:
Tip de experta: Si tienes un fin de semana, te sugiero dividir la ruta en dos sectores: la zona del Duero (El Burgo de Osma, San Esteban, Gormaz) y la zona de pinares (Vinuesa, Laguna Negra). Las carreteras son panorámicas y el ritmo lo marca el paisaje, así que disfruta del trayecto tanto como de las paradas.
Soria no es solo un destino, es un estado de ánimo que se encuentra entre la piedra y el viento. ¿Cuál de estos pueblos será el primero en tu lista para tu próxima escapada soriana?






