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El secreto mejor guardado de Cantabria: 5 rincones mágicos que Google Maps no te enseña

Lucía Bernal de la Vega

Por Lucía Bernal de la Vega

09 de septiembre, 2026 6 min de lectura

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Cantabria, Comunidad autónoma española
Cantabria, Comunidad autónoma española

Cantabria no se visita, Cantabria se siente. Si estás leyendo esto es porque ya has visto mil fotos de El Sardinero y te conoces de memoria la silueta del Palacio de la Magdalena. Pero seamos sinceras: buscas algo más.

Buscas ese momento en el que el verde de la montaña se funde con un azul del Cantábrico que parece retocado con filtro. Y lo quieres ahora, antes de que los precios de los alojamientos en Santillana del Mar se disparen o las entradas para el Capricho de Gaudí se agoten en cuestión de segundos.

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Hay un miedo real entre los viajeros: llegar a un sitio y sentir que es un decorado para turistas. (Sí, a nosotras también nos pasa y es frustrante). Por eso, hemos rastreado el mapa para traerte la guía definitiva que mezcla lo imprescindible con lo oculto.

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La joya de la corona: Comillas y el genio de Gaudí

Empezamos fuerte. No puedes decir que conoces el norte si no has pisado Comillas. Pero olvida las visitas grupales lentas. El truco está en ir a primera hora al Capricho de Gaudí.

Es uno de los pocos edificios que el arquitecto catalán diseñó fuera de Barcelona. Es una explosión de girasoles, cerámica y música convertida en piedra. (Un consejo de amiga: fíjate en los detalles de las ventanas, son auténticas joyas de ingeniería del siglo XIX).

Cerca de allí, la Universidad Pontificia domina el horizonte. No es solo un edificio, es una declaración de poder. Pasear por sus jardines te hace sentir en una película de época, pero con el olor a salitre golpeándote la cara.

La entrada al Capricho suele volar. Reserva online con al menos 48 horas de antelación si no quieres quedarte con las ganas de la foto perfecta en su torre de cuento.

Santillana del Mar: La mentira más bella del mundo

Ya sabes lo que dicen: ni es santa, ni es llana, ni tiene mar. Pero Santillana del Mar es, probablemente, el pueblo más bonito de España por metro cuadrado. Sus calles empedradas te obligan a bajar el ritmo (y a cuidar tus tobillos, usa calzado cómodo, por favor).

Aquí el tiempo se detuvo en el medievo. Las casonas con escudos de piedra y los balcones de madera llenos de flores son el escenario real de una historia que sigue viva. Es el lugar ideal para comprar sobaos pasiegos auténticos y una tableta de chocolate artesano.

Pero lo que de verdad importa está a pocos kilómetros: la Cueva de Altamira. Aunque la original está restringida para preservar las pinturas, la Neocueva es una experiencia religiosa para cualquier amante de la historia. Ver esos bisontes pintados hace miles de años te recoloca las prioridades.

La UNESCO no se equivoca al proteger este tesoro. Es nuestra conexión directa con el origen de la creatividad humana. No es solo una cueva, es el espejo de lo que somos.

Naturaleza salvaje: Picos de Europa y el Teleférico de Fuente Dé

Si lo tuyo es la adrenalina, tenemos que hablar de Picos de Europa. El acceso por el desfiladero de la Hermida ya es una experiencia religiosa en sí misma. Paredes verticales de piedra que parecen cerrarse sobre tu coche mientras el río Deva te acompaña.

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El punto clave es Fuente Dé. Tienes que subir al teleférico. En apenas cuatro minutos salvas un desnivel de 753 metros. Al llegar arriba, el silencio es absoluto. Estás en el corazón del macizo central, rodeada de picos que rozan el cielo.

Es el lugar perfecto para hacer una ruta de senderismo o simplemente sentarte a mirar. (Cuidado con las nubes, aquí el tiempo cambia más rápido que los algoritmos de Instagram). Si vas en primavera, el contraste entre la nieve y el primer verde es espectacular.

Costa Quebrada: El secreto mejor guardado de los locales

Aquí es donde la mayoría de los turistas se pierden lo mejor. La Costa Quebrada, situada muy cerca de Santander (en el municipio de Piélagos), es un parque geológico natural que parece sacado de otro planeta.

La Playa de la Arnia y los Urros de Liencres son formaciones rocosas que emergen del mar como cuchillos. Cuando la marea baja, se forman piscinas naturales y pasillos de piedra que son el sueño de cualquier fotógrafo. Es el sitio preferido de los cántabros para ver el atardecer con una cerveza en la mano.

Si buscas paz de verdad, este es tu sitio. No hay grandes hoteles, solo el rugido del mar y la fuerza de la erosión. Es el beneficio estrella de este viaje: desconexión total sin cobertura, solo tú y el Cantábrico.

Gastronomía: El placer de nuestro bolsillo

No podemos hablar de Cantabria sin pasar por la mesa. El cocido montañés es obligatorio, pero ojo, es un plato contundente. Alubias blancas, berza y el «compango» (morcilla, tocino, chorizo). Es el abrazo que tu estómago necesita después de un día de caminata por Liébana.

Para algo más ligero, las anchoas de Santoña. Pero las de verdad, las que se limpian a mano una a una. Es un lujo asequible que marca la diferencia entre un aperitivo normal y una experiencia gourmet. Tu paladar nos lo agradecerá eternamente.

Si pasas por San Vicente de la Barquera, busca un restaurante que sirva Sorropotún. Es el guiso de bonito típico de los pescadores. Un sabor a mar auténtico que no encontrarás en ningún otro sitio.

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Santander: La elegancia del Norte

Terminamos en la capital. Santander es elegancia pura. Un paseo por el Sardinero hasta el Faro de Cabo Mayor es el cierre perfecto para cualquier escapada. El Centro Botín, diseñado por Renzo Piano, le ha dado ese toque de modernidad que la ciudad necesitaba, conectando el centro con la bahía.

La bahía de Santander está considerada una de las más bellas del mundo. (Y no lo decimos nosotras por patriotismo, lo dice la asociación de las Bahías más Bellas del Mundo). Cruzar en «pedreñera» hasta Somo o Pedreña es un ritual que debes cumplir.

Es una ciudad que se disfruta caminando, oliendo a mar y dejándose seducir por sus pinchos en la zona de Cañadío. La vida aquí tiene otro ritmo, uno más humano y auténtico.

Cantabria está cambiando. El turismo sostenible es la prioridad ahora y muchas zonas están empezando a limitar el acceso de vehículos. La Ley de Turismo de la región es cada vez más estricta con el fin de proteger estos paraísos. Por eso, el momento de ir es ya.

¿Te vienes a descubrir por qué dicen que Cantabria es infinita? Solo necesitas una maleta pequeña, muchas ganas de caminar y hambre, mucha hambre de experiencias nuevas.

¿Por dónde vas a empezar tu ruta, por la montaña o por la playa?

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Lucía Bernal de la Vega

Lucía Bernal de la Vega

Lucía Bernal de la Vega es periodista especializada en narrativa de viajes, patrimonio histórico y urbanismo cultural. Su mirada se detiene en la identidad profunda de los destinos,…

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