Adentrarse en los pueblos bonitos cerca de Girona significa cruzar la frontera invisible de comarcas custodiadas por riscos basálticos, murallas seculares y la memoria imborrable de condados medievales.
Si buscas comprender la historia de este territorio a pie de piedra, los alrededores de la capital gerundense ofrecen un mosaico fascinante de puentes fortificados, callejones porticados y arquitectura tradicional que desafía el paso del tiempo.
Y es que el viajero que abandona las arterias principales descubre aquí un paisaje donde el eco del pasado resuena con fuerza en cada rincón. (Y sí, las cortas distancias y el excelente estado de las carreteras justifican hacer base en la zona para explorarlo todo sin prisas).
1. Besalú: El monumental puente románico y su legado judío
A escasos kilómetros de la capital provincial se alza Besalú, un enclave monumental dominado por su icónico puente fortificado del siglo XII que cruza con elegancia las aguas del río Fluvià. Su casco histórico conserva joyas como el antiguo barrio judío (call) y los baños rituales (mikveh). Pasear por su trazado permite comprender la importancia de este condado en la Edad Media catalana.
2. Peratallada: Un laberinto de piedra y murallas en el Baix Empordà
Siguiendo las rutas hacia el sur aparece Peratallada, una estampa perfectamente conservada donde la piedra calcárea y la hiedra milenaria tapizan fosos y casonas señoriales. Sus calles porticadas desprenden un aroma a señorío feudal y arquitectura defensiva. A su alrededor, el paisaje llano del Ampurdán contrasta con la silenciosa robustez de su castillo y su imponente torre del homenaje.
3. Castellfollit de la Roca: El vértigo urbano sobre un risco basáltico
Muy cerca de Olot, suspendido de manera inverosímil sobre un tajo basáltico de más de 50 metros de altura esculpido por los ríos, se encuentra Castellfollit de la Roca. Su silueta urbana, con la iglesia de Sant Salvador asomada al precipicio, constituye una de las imágenes más impactantes de la geografía catalana. Recorrer sus callejuelas estrechas permite descifrar la maestría de la adaptación humana al relieve volcánico.
4. Pals: Torres albarranas y vistas infinitas sobre el Empordà
Convertida en un hito ineludible del gótico civil, Pals conjuga su recinto amurallado medieval con la esbelta silueta de la Torre de les Hores, alzada entre los siglos XI y XIII. Sus plazas empedradas albergan tesoros como la iglesia de Sant Pere y miradores que alcanzan hasta las islas Medes. Un enclave donde la historia señorial se funde con la serenidad del paisaje ampurdanés.
5. Beget: El refugio románico de los dos puentes medievales
Situado al amparo de la Alta Garrotxa, Beget ofrece una de las estampas pirenaicas más puras de la provincia. Sus dos puentes medievales de piedra y las pintorescas casitas que flanquean el río Llierca ejemplifican la arquitectura tradicional de montaña. Sus calles tranquilas regalan al visitante la oportunidad de contemplar la iglesia de San Cristóbal y su valiosa talla románica en majestad.
6. Monells y su plaza porticada de resonancias medievales
Famosa por su armoniosa plaza mayor porticada, Monells marca un punto clave en la ruta del Baix Empordà. Entre sus soportales de piedra y arcos de medio punto se respira la antigua actividad comercial del mercado medieval, un espacio indispensable para entender el desarrollo económico de los antiguos dominios feudales del vizcondado de Bas.
7. Tossa de Mar: La única villa fortificada de la costa catalana
Cerrando este recorrido por el patrimonio circundante, Tossa de Mar se alza en la Costa Brava como la única población medieval amurallada que todavía se conserva a pie de mar en el litoral catalán. Su recinto de la Vila Vella, declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931, transporta al visitante entre callejones empedrados y murallas defensivas del siglo XII frente al Mediterráneo.
Consejo de experto: Para exprimir al máximo tu ruta por los alrededores de Girona, dedica al menos tres jornadas completas combinando las mañanas de exploración arqueológica y geológica —como en Besalú o Castellfollit— con los paseos vespertinos por los recintos amurallados del Empordà como Pals o Peratallada.
La red de caminos históricos de Girona guarda todavía innumerables secretos labrados en piedra numulítica, basalto y silencio. ¿Qué misterio de estas villas centenarias desentrañarás en tu próxima escapada?






