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Pueblos bonitos cerca de Santillana del Mar: 8 joyas de Cantabria

Lucía Bernal de la Vega

Por Lucía Bernal de la Vega

24 de octubre, 2026 • 7 min de lectura

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Comillas, Municipio en España
Comillas, Municipio en España

Explorar los pueblos cerca de Santillana del Mar es adentrarse en el corazón más genuino del norte peninsular. Esta emblemática villa medieval de calles empedradas funciona como un campamento base perfecto para trazar rutas inolvidables por la costa occidental y los valles verdes de Cantabria.

Desde imponentes villas marineras donde se respira salitre hasta pequeñas aldeas de piedra detenidas en el tiempo, los alrededores invitan a conducir sin prisa. Huele a hierba húmeda, a marea baja y a guiso tradicional cociéndose a fuego lento en las cocinas montañesas.

A menos de una hora de trayecto encontrarás alternativas sugerentes para cualquier perfil de viajero. Si quieres organizar tu itinerario con precisión y sacarle el máximo partido a tu escapada, aquí tienes las paradas esenciales que no pueden faltar en tu cuaderno de viaje.

1. Comillas: el esplendor de la arquitectura indiana

A solo 17 kilómetros de Santillana del Mar, Comillas emerge como un refinado museo de arquitectura al aire libre. Su silueta urbana combina la tradición cántabra con la extravagancia del modernismo catalán impulsado por los Indianos a finales del siglo XIX.

Pasear por su casco antiguo permite contemplar majestuosas edificaciones señoriales envueltas en brisa marina. La caminata hacia la zona alta regala panorámicas inolvidables del mar Cantábrico y del conjunto monumental.

  • El Capricho de Gaudí: Una de las escasas obras del célebre arquitecto fuera de Cataluña (entrada general orientativa: 7 €).
  • Palacio de Sobrellano: Sobrecogedora edificación neogótica flanqueada por extensos jardines de estilo inglés.
  • Universidad Pontificia: Corona la colina de la villa con su impresionante fachada de ladrillo, piedra y cerámica.

2. San Vicente de la Barquera: la gran villa marinera

Si sigues la ruta hacia el oeste, a unos 30 kilómetros, aparece San Vicente de la Barquera. Esta estampa de postal destaca por sus barcos de colores flotando en la ría mientras los picos nevados sirven de telón de fondo durante gran parte del año.

Su Puebla Vieja conserva un ambiente medieval impecable. Cruzar el histórico Puente de la Maza, con sus 28 arcos de piedra construidos en el siglo XVI, es la antesala ideal para adentrarse en sus tascas portuarias.

  • Castillo del Rey: Fortificación defensiva del siglo XIII con miradores sobre el puerto y el estuario.
  • Gastronomía de mar: Es obligatorio probar el sorropotún, un suculento guiso marinero a base de bonito y patatas.
  • Arenales de Oyambre: Playas salvajes rodeadas de dunas, perfectas para pasear al atardecer o iniciarse en el surf.

3. Suances: acantilados de vértigo y ambiente atlántico

Ubicado a tan solo 12 kilómetros hacia el este, Suances muestra la faceta más enérgica y costera de la región. Se trata de una parada indispensable si buscas paisajes marinos drásticos y una excelente oferta hostelera al caer la tarde.

El municipio queda vertebrado entre su casco histórico situado en alto y el animado barrio del puerto junto a la playa. Los acantilados que bordean la costa ofrecen miradores excepcionales sobre las olas.

  • Playa de Los Locos: Un referente del surf cantábrico protegido por verticales paredes rocosas.
  • Paseo Marítimo de La Concha: Recorrido llano bordeando el arenal principal, genial para caminatas tranquilas.
  • Punta del Dichoso: El punto geográfico ideal para contemplar la fuerza del océano batiendo contra el faro.

Tip de viajero: Para evitar complicaciones con el aparcamiento durante los meses de verano en Suances y Comillas, procura llegar antes de las 10:30 h o recurre a los estacionamientos periféricos habilitados.

4. Cartes: casonas hidalguenses a orillas del Besaya

A solo 15 minutos en coche hacia el interior, Cartes destaca por la fabulosa conservación de su antiguo Camino Real. Este conjunto histórico constituye uno de los ejemplos más notables de arquitectura civil montañesa de los siglos XVII y XVIII.

Recorrer su empedrada calle principal es emprender un viaje directo al pasado señorial. Las fachadas exhiben orgullosas sus escudos de armas tallados en piedra junto a solanas de madera floridas.

  • Torreones de Cartes: Casona-torre fortificada del siglo XV que funcionaba como aduana defensiva sobre el camino.
  • Paseo fluvial del Besaya: Un sendero de ribera llano y arbolado que conecta pacíficamente con las villas colindantes.
  • Cultura montañesa: Un remanso de paz para admirar la casona tradicional sin las aglomeraciones del litoral.

5. Cóbreces: serenidad entre acantilados y abadías

Enclavado a mitad de camino entre Santillana del Mar y Comillas (a apenas 12 kilómetros), Cóbreces representa una parada tranquila y llena de encanto. Combina de forma singular el patrimonio religioso con un litoral de acantilados abruptos.

El vivo contraste entre el verde intenso de los prados de pasto y la inmensidad del océano crea un entorno sereno, perfecto para hacer un alto en la carretera.

  • Abadía de Santa María de Viaceli: Espectacular monasterio trapense de estilo neogótico en cuyo interior se elabora el afamado queso de Cóbreces.
  • Playa de Luaña: Una acogedora cala de arena dorada resguardada por vertiginosas laderas verdes.
  • El Bolao: Ruinas de un antiguo molino harinero situadas junto a un acantilado donde una cascada vierte sus aguas al mar.

El destino en TikTok

Si quieres ver cómo luce este rincón en pleno directo y a través de los ojos de otros viajeros, echa un vistazo a este vídeo:

6. Barcenaciones: el secreto de la arquitectura floral

Oculto en el valle del Saja, a unos 22 kilómetros de distancia, Barcenaciones ostenta con orgullo el título de Pueblo Más Bonito de Cantabria otorgado en 2012. Es un enclave pacífico donde el tiempo discurre a otra velocidad.

Sus calles cuidadas al milímetro alojan magníficas casonas de piedra con balcones rebosantes de hortensias y geranios. Pasear entre sus huertas y arboledas junto al río es un bálsamo para los sentidos.

  • Casco urbano impecable: Casonas hidalgas excelentemente restauradas que respetan la estética tradicional.
  • Puente de piedra sobre el Saja: Una construcción histórica rodeada de vegetación autóctona ideal para tomar fotografías.
  • Ambiente pausado: Un destino sin masificaciones ideal para desconectar y saborear la autenticidad rural.

7. Bárcena Mayor: el corazón ancestral del Parque Natural

Internándose unos 50 kilómetros hacia la reserva de Saja-Besaya se localiza Bárcena Mayor, catalogado como uno de los pueblos más antiguos de la región. La carretera de acceso serpentea entre frondosos bosques de robles y hayas.

Este núcleo es totalmente peatonal. El murmullo constante del río Argoza y el aroma a leña de roble acompañan el paseo por sus empedradas travesías alineadas de casonas con soplados y solanas.

  • Arquitectura montañesa pura: Fachadas de piedra con muros cortafuegos, arcos de medio punto e hileras de leña apilada.
  • Gastronomía de puchero: Probar el afamado cocido montañés con berza, alubias blancas y compango de la matanza es cita obligada.
  • Senderismo de montaña: Punto de partida para internarse por las rutas del Parque Natural Saja-Besaya.

8. Liérganes: leyenda, puentes de piedra y chocolate con churros

Ubicado a unos 40 kilómetros hacia el este (cerca del macizo de Miera), Liérganes merece un espacio de honor en tu itinerario. Su núcleo histórico atesora soberbias casonas de los siglos XVII y XVIII al pie de las cumbres conocidas como «Las Tetas de Liérganes».

La villa respira folclore por cada esquina, siendo célebre en toda España por la curiosa leyenda del Hombre Pez y sus arraigadas chocolaterías tradicionales.

  • Puente Mayor: Erróneamente llamado romano, este majestuoso puente de piedra data del siglo XVI y cruza el río Miera.
  • Estatua del Hombre Pez: Monumento en la orilla del río en homenaje a Francisco de la Vega, personaje mítico del pueblo.
  • Merienda tradicional: Degustar un chocolate espeso acompañado de churros crujientes en las terrazas de la zona antigua.

Nota práctica: Si viajas en primavera u otoño, comprobarás que la luz para fotografiar los valles es extraordinaria y podrás recorrer estos cascos históricos sin las aglomeraciones estivales.

Diseñar una ruta explorando estas pequeñas joyas cántabras permite entrelazar bosques, mar y un patrimonio cultural extraordinario en desplazamientos muy cómodos.

¿Por cuál de estos encantadores pueblos vas a arrancar tu coche?

Lucía Bernal de la Vega

Lucía Bernal de la Vega

Lucía Bernal de la Vega, periodista, se ha especializado en viajes culturales, escapadas urbanas y patrimonio histórico. Su labor es descubrir destinos con identidad propia y poner en…

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