domingo, 26 de julio 2026 Crónicas, viajes y gastronomía

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Qué ver en Lugo: los rincones ocultos de la ciudad más antigua de Galicia

Atardecer sobre las murallas romanas de Lugo
Atardecer sobre las murallas romanas de Lugo
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Lugo no es una ciudad, es un viaje en el tiempo que te golpea nada más bajar del coche. Olvida las prisas de Santiago o el postureo de Vigo. Aquí el ritmo lo marcan las piedras.

Seguro que has oído hablar de su muralla romana. Pero, ¿sabías que es la única en el mundo que se conserva íntegra? (Sí, nosotras también nos quedamos de piedra al subir por primera vez).

Caminar por sus 2,2 kilómetros de perímetro no es solo hacer ejercicio. Es flotar sobre la historia mientras ves los tejados de las casas a un lado y el verde infinito gallego al otro.

Pero cuidado. El verdadero secreto de Lugo no está en lo que se ve a simple vista, sino en lo que ocurre cuando bajas de las alturas y te pierdes por sus callejones empedrados.

La muralla: el gigante que abraza la ciudad

Es el monumento estrella, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Y no es para menos. Sus muros tienen más de 1.700 años de antigüedad y siguen ahí, imperturbables.

Lo mejor es que el acceso es totalmente gratuito. Puedes subir por cualquiera de sus rampas o escaleras (la de la Plaza del Ferrol es nuestra favorita) y dejarte llevar.

Es el lugar preferido de los lucenses para correr, pasear al perro o enamorarse. Si vas al atardecer, la luz que baña el granito te regalará la mejor foto de tu Instagram.

Tip de Lucía: No te limites a dar la vuelta completa. Busca las mirillas y los huecos de las torres; algunos esconden perspectivas del casco histórico que parecen sacadas de una película de época.

La Catedral y el milagro del Santísimo

A pocos pasos de la muralla te vas a encontrar con la Catedral de Santa María. Es una joya que mezcla el románico, el gótico y el barroco con una elegancia que asusta.

Lo que poca gente sabe es que tiene el privilegio de exponer el Santísimo Sacramento las 24 horas del día. Es algo único en la cristiandad que le da un aura de misterio constante.

Fíjate bien en la Puerta Norte. El capitel que sostiene la imagen de la última cena es una obra maestra de la cantería medieval que te hará detenerte aunque no seas experta en arte.

La plaza que la rodea, la Plaza de Santa María, es el epicentro de la paz. Siéntate en uno de sus bancos y simplemente escucha el silencio. (A veces, nuestro cerebro necesita ese reseteo urgente).

El ritual sagrado: «Y para comer, Lugo»

No es solo un eslogan publicitario, es una ley no escrita. En Lugo no se come, se celebra la vida alrededor de una mesa o de una barra de madera.

El barrio de los vinos, situado en torno a la Rúa Nova y la Rúa da Cruz, es el paraíso del tapeo gratuito. Sí, has leído bien: pides una caña o un mencía y te ponen un pincho generoso.

Desde el clásico pulpo á feira hasta oreja, chorizos al vino o empanada de liscos. El nivel de la gastronomía local es tan alto que cualquier error en la elección del bar es prácticamente imposible.

Las entidades locales y la asociación de hosteleros miman este producto como si fuera oro. No te vayas sin probar el queso de tetilla o las carnes de la zona de los Ancares.

El pasado romano que late bajo tus pies

Lugo fue Lucus Augusti, y eso se nota en cada rincón. La ciudad está literalmente construida sobre restos arqueológicos que afloran en los lugares más insospechados.

Tienes que visitar la Domus del Mitreo. Es una antigua casa romana situada frente a la catedral donde podrás ver restos de pinturas murales y un templo dedicado al dios Mitra.

Es impresionante ver cómo la arquitectura moderna se ha tenido que adaptar para proteger estas joyas milenarias. La sensación de caminar sobre cristal viendo ruinas de hace dos milenios es impagable.

Y si quieres relajarte como un auténtico emperador, baja hasta el río Miño. Allí te esperan las Termas Romanas, integradas en el actual balneario. El vapor y el olor a historia te envolverán.

Atención: Muchas de estas visitas arqueológicas requieren reserva previa o tienen horarios reducidos en temporada baja. Revisa la web de turismo de la Xunta antes de ir.

El pulmón verde y el paseo fluvial

Si necesitas escapar un poco del asfalto (aunque sea empedrado), el parque de Rosalía de Castro es tu sitio. Es el jardín más emblemático de la ciudad y tiene unas vistas brutales al valle del Miño.

Desde allí puedes bajar al paseo fluvial. Son kilómetros de senderos que bordean el río, ideales para desconectar del ruido del mundo y conectar con la naturaleza gallega más pura.

Es común ver a piragüistas entrenando o familias disfrutando de un picnic improvisado. Es el pulmón de Lugo y el lugar donde entenderás por qué los gallegos aman tanto su tierra.

No te olvides de cruzar el puente romano. Ha sido reformado, pero su esencia sigue siendo la de ese paso estratégico que conectaba la ciudad con el resto del imperio.

¿Cuándo es el mejor momento para ir?

Si buscas el caos más divertido y cultural, apunta esta fecha: el Arde Lucus. Se celebra a finales de junio y toda la ciudad se viste de romana y castrexa.

Es una fiesta de Interés Turístico Nacional donde las legiones vuelven a tomar las calles. La transformación de Lugo esos días es total y la energía que se respira es eléctrica.

Si prefieres algo más tradicional, las fiestas de San Froilán en octubre son la cita obligatoria. Es el momento álgido del pulpo y de las barracas, una experiencia auténtica de la Galicia profunda y acogedora.

Sea cuando sea, Lugo siempre te recibe con los brazos abiertos y un plato de comida caliente. Es esa ciudad que no grita, pero que te susurra secretos al oído para que siempre quieras volver.

¿Te vienes a descubrir por qué dicen que aquí el tiempo se detuvo para que nosotros pudiéramos descansar?