La costa central de Cantabria esconde mucho más que playas de ensueño batidas por el Cantábrico; es un territorio donde los acantilados verdes custodian valles fluviales de un valor patrimonial incalculable.
Si buscas una escapada perfecta que combine brisa marina con callejones medievales, descubrir los pueblos bonitos cerca de Suances es una de las mejores decisiones viajeras que puedes tomar en el norte de España.
El microclima del litoral cántabro suele regalar veranos suaves y otoños templados, aunque la lluvia siempre es una posibilidad que tiñe el paisaje de ese verde tan característico.
Para exprimir al máximo la zona sin prisas, lo ideal es establecer tu campamento base en la costa y moverte a través de la autovía del Cantábrico (A-8) y las carreteras autonómicas CA-131 y CA-351, que conectan rápidamente el mar con el interior.
A continuación, analizamos las seis villas históricas más hermosas que te esperan a muy pocos kilómetros de tu punto de partida.
Santillana del Mar

Conocida popularmente como la villa de las tres mentiras (ni es santa, ni llana, ni tiene mar), esta joya medieval se encuentra a escasos 5 kilómetros de distancia por la carretera CA-131. Caminar por sus calles empedradas es hacer un viaje directo al siglo XII, con paradas obligatorias en la impresionante Colegiata de Santa Juliana, cuyo claustro románico te dejará sin aliento por apenas 3 euros la entrada.
No te quedes solo en el centro histórico; aprovecha para visitar la réplica de la Cueva de Altamira (la Neocueva), situada a menos de dos kilómetros del núcleo urbano, donde comprenderás por qué esta zona es considerada la capital del arte paleolítico europeo.
Comillas

Esta villa aristocrática destaca por romper con la estética medieval de la región gracias a su asombroso legado modernista catalán. Su gran icono es El Capricho de Gaudí, una explosión de color verde y girasoles de cerámica que puedes visitar por una entrada general de 7 euros, un precio más que justificado para descubrir una de las pocas obras del genio catalán fuera de Cataluña.
Tras maravillarte con el Palacio de Sobrellano y la Universidad Pontificia, que domina la colina, te sugiero dar un paseo por su playa y el pequeño puerto pesquero, donde los barcos tradicionales contrastan con la majestuosidad de la arquitectura indiana.
San Vicente de la Barquera

Situada en pleno Parque Natural de Oyambre, esta histórica villa marinera ofrece una de las estampas más fotografiadas del norte: el imponente puente de la Maza de 28 ojos con las cumbres nevadas de los Picos de Europa alzándose al fondo. El Castillo del Rey, construido en el siglo XIII sobre una colina rocosa, vigila el estuario y se puede visitar por solo 2 euros.
Perderse por la Puebla Vieja y visitar la Iglesia de Santa María de los Ángeles te descubrirá el pasado medieval de este puerto, que llegó a ser uno de los más importantes de la cornisa cantábrica.
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Cartes

Si buscas un destino menos masificado pero rebosante de encanto, este pequeño núcleo situado junto al río Besaya es una parada imprescindible. Su calle principal, que forma parte del antiguo Camino Real, está flanqueada por casonas montañesas de piedra con balconadas de madera repletas de flores que parecen detenidas en el tiempo.
El gran símbolo de la villa es el Torreón de Cartes, un puente-fortaleza defensivo del siglo XV que cruza la calle principal y que servía para recaudar tributos y defender el señorío, un rincón único que evoca intrigas de la época feudal.
Liérganes

Conectado rápidamente a través de la autovía S-10, este pueblo es famoso por su balneario decimonónico y por la leyenda del Hombre Pez, cuya escultura de bronce vigila el cauce del río Miera bajo el precioso Puente Mayor del siglo XVI. El centro histórico de Liérganes, declarado conjunto histórico-artístico, destaca por sus impresionantes casonas de estilo clasicista.
Es el lugar perfecto para disfrutar de un paseo tranquilo y descubrir la arquitectura tradicional de la comarca de Trasmiera antes de reponer fuerzas en alguna de sus famosas chocolaterías.
Bárcena Mayor

Aunque se encuentra un poco más alejado, adentrarse en el corazón del Parque Natural de Saja-Besaya para descubrir el que está considerado como el pueblo más antiguo de Cantabria merece totalmente la pena. Este reducto de paz destaca por su arquitectura civil montañesa perfectamente conservada, con sus casas de piedra, solanas orientadas al sur y calles empedradas donde el tráfico rodado está prohibido.
Es el punto de partida de numerosas rutas de senderismo bajo inmensos bosques de hayas y robles, ideal para desconectar del bullicio costero y respirar el aire más puro de la montaña cántabra.
Cómo organizar tu viaje por los pueblos cerca de Suances
Para saborear esta ruta con la calma que se merece, te recomiendo dedicar un mínimo de 3 a 4 días completos a explorar la comarca. La excelente conectividad que ofrece la autovía A-8 te permitirá saltar de la costa al interior en trayectos que rara vez superan los 35 minutos, facilitando que puedas exprimir las mañanas en los acantilados y las tardes en los cascos históricos.
Olvídate de los restaurantes con menús precocinados para turistas y busca los tradicionales mesones de piedra en el interior; allí debes pedir un auténtico cocido montañés con su alubia blanca, berza y compango, o degustar unas rabas de calamar fresco en los puertos pesqueros, un bocado sencillo que en Cantabria alcanza la categoría de arte culinario.
¿Prefieres perderte en la majestuosidad gótica y modernista que mira al Cantábrico o sumergirte en el silencio de piedra y madera de los valles más ancestrales?






