jueves, 11 de junio 2026 Crónicas, viajes y gastronomía

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Quesos

Quesos cremosos: los 10 imprescindibles para los amantes de la untuosidad

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Hay una frontera invisible en el mundo de la gastronomía que solo se cruza con una cuchara o un trozo de pan artesano. Hablo de ese momento en el que la corteza cede y el interior se derrama, liberando aromas a leche fresca, hongo y frutos secos. Los quesos cremosos no son solo un alimento; son una textura, un capricho técnico de los maestros queseros que han aprendido a domar la humedad y la fermentación para crear bocados que se funden en el paladar.

Si eres de los que prefiere la suavidad de una pasta blanda a la resistencia de un curado, este viaje por las cavas de maduración te va a gustar. Desde las llanuras francesas hasta las dehesas extremeñas, los quesos de textura fluida esconden secretos de elaboración que se remontan a siglos atrás, donde el azar y la geografía se aliaron para regalarnos piezas que hoy son auténticos objetos de culto en cualquier mesa gourmet.

1. Torta del Casar (Extremadura, España)

Es, posiblemente, el rey de la cremosidad extrema en España. Se elabora con leche cruda de oveja de las razas merino y entrefino, y su secreto reside en el cuajo: se utiliza el cardo silvestre (Cynara cardunculus). El resultado es una pasta de sabor intenso, ligeramente amargo y una textura tan fluida que el queso debe ser «atado» con una venda para que no se desparrame. Abrir una Torta del Casar por arriba y hundir el pan es un ritual casi sagrado.

2. Brie de Meaux (Isla de Francia, Francia)

Conocido como el «rey de los quesos» desde el Congreso de Viena en 1815, el auténtico Brie de Meaux tiene poco que ver con las versiones industriales del supermercado. Su pasta es de color pajizo, cremosa pero con cierta estructura, y su corteza de moho blanco huele a champiñón y tierra mojada. Es un queso elegante, sutil y con una nota final a avellana que lo hace irresistible en cualquier tabla de quesos de nivel.

3. Camembert de Normandie (Normandía, Francia)

Aunque a menudo se confunde con el Brie, el Camembert es más pequeño, más intenso y su maduración suele ser más corta. Un Camembert en su punto óptimo debe estar «fait» (hecho), lo que significa que el centro debe ser elástico y suave, casi líquido bajo la corteza. Sus notas de col y mantequilla salada son el sello de identidad de una de las regiones lácteas más potentes del planeta.

Tip de experto: Nunca sirvas un queso cremoso directamente de la nevera. Sácalo al menos 2 o 3 horas antes de consumirlo para que la grasa se atempere y la textura alcance su máxima expresión. Un queso frío es un queso mudo.

4. Queso Reblochon (Savoie, Francia)

Este tesoro de los Alpes franceses nace de una picaresca histórica: los campesinos hacían un segundo ordeño oculto (la «reblocha») para evitar pagar impuestos por la producción total de leche. Esa segunda leche, mucho más rica en grasa, es la que otorga al Reblochon su untuosidad característica y su sabor a nata y hierba fresca. Es el ingrediente alma de la famosa Tartiflette, aunque solo con pan es una delicia absoluta.

5. Gorgonzola Dolce (Lombardía/Piamonte, Italia)

Dentro de los azules, el Gorgonzola Dolce es el máximo exponente de la suavidad. A diferencia de su hermano «Piccante», el Dolce madura menos tiempo, lo que da como resultado una pasta cremosa, casi untable, con veteado verde-azulado muy discreto. Es el equilibrio perfecto entre el picor del moho y el dulzor de la leche de vaca, ideal para combinar con peras o nueces.

6. Queso de la Serena (Badajoz, España)

Hermano de la Torta del Casar pero con identidad propia. Se elabora exclusivamente con leche de oveja merina y también se cuaja con flor de cardo. Su sabor es algo más suave y dulce, pero su textura es igualmente fundente. Para los que buscan un queso artesano de pasta blanda con una personalidad arrolladora y un retrogusto persistente.

7. Brillat-Savarin (Borgoña/Normandía, Francia)

Si existiera un «queso postre», sería este. Es un queso de triple crema, lo que significa que se le añade nata durante la elaboración hasta alcanzar un contenido graso del 75%. Es denso, suntuoso y su sabor recuerda a la mantequilla fresca con un toque ácido de yogur. Fue nombrado en honor al famoso gastrónomo Jean Anthelme Brillat-Savarin, quien dijo aquello de que «un postre sin queso es como una mujer hermosa a la que le falta un ojo».

8. Serra da Estrela (Portugal)

Cruzamos la frontera para descubrir el queso más antiguo y famoso de Portugal. Elaborado en la región de la montaña más alta del país luso, es una torta de oveja cuajada con cardo silvestre. Su corteza es fina y maleable, protegiendo un interior que es puro licor de leche. Se suele consumir cortando la parte superior (la tapa) y sirviendo el interior con una cuchara sobre pan de centeno.

El dato curioso: En las denominaciones de origen más estrictas de las tortas (Casar, Serena o Serra da Estrela), el uso de cuajo vegetal es obligatorio. Es esto lo que provoca la proteólisis extrema que licúa la pasta del queso.

9. Saint-Félicien (Ródano-Alpes, Francia)

Es un pequeño queso de leche de vaca que suele presentarse en un cuenco de cerámica, precisamente para evitar que se escape. Es el primo más rico y cremoso del Saint-Marcellin. No tiene apenas corteza, solo una fina piel aterciopelada, y su sabor es puro umami lácteo. Es el queso favorito de muchos chefs franceses por su capacidad para maridar con casi cualquier vino blanco seco.

10. Époisses de Bourgogne (Borgoña, Francia)

Terminamos con el más fuerte de la lista. El Époisses es un queso de corteza lavada con Marc de Bourgogne (un aguardiente local). Esto le confiere un color anaranjado brillante y un olor penetrante que asusta a los principiantes pero enamora a los iniciados. Por dentro, es pura crema que se funde en la boca, con un sabor potente, carnoso y salino. Dicen que era el queso favorito de Napoleón, y razones no le faltaban.

Claves para disfrutar de los quesos de pasta blanda

  • El corte: Si el queso está muy líquido, corta la tapa superior. Si mantiene la forma, córtalo en cuñas desde el centro hacia fuera para que cada ración tenga su parte de corteza.
  • El maridaje: Los quesos muy cremosos y grasos agradecen los vinos con buena acidez. Los blancos fermentados en barrica o incluso los espumosos (Cava o Champagne) limpian el paladar entre bocado y bocado.
  • La conservación: Envuélvelos siempre en su papel original o en papel parafinado. Evita el film plástico, que impide que el queso respire y puede generar sabores amoniacales.

¿Alguna vez te has preguntado por qué nos atrae tanto lo que se funde? Quizás sea porque los quesos cremosos representan la indulgencia sin filtros, el placer de lo inmediato. Ya sea una torta extremeña o un triple crema francés, estos quesos nos obligan a bajar el ritmo, a disfrutar del pan y a entender que, en la cocina, la paciencia del maestro quesero se traduce en felicidad untable. ¿Cuál va a ser el próximo que pongas en tu mesa?