jueves, 11 de junio 2026 Crónicas, viajes y gastronomía

Viajar para entender, comer para recordar.

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Qué ver en Gijón: los 7 rincones que Instagram no te enseña y el truco para comer como un local sin pagar de más

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Gijón no es solo una ciudad con playa. Es un estado mental que te atrapa nada más cruzar el túnel del Negrón. (Sí, ese momento en el que el cielo cambia de color y el verde te golpea la cara).

Si estás planeando una escapada al norte, olvida las guías cuadriculadas. Lo que necesitas es entender que aquí el tiempo se mide en culines de sidra y paseos por el muro.

¿Sabes esa sensación de descubrir un lugar que parece diseñado para que no quieras irte nunca? Eso es exactamente lo que ocurre cuando caminas por San Lorenzo un martes cualquiera.

Cimavilla: el alma de los «playos»

El barrio de Cimavilla es el kilómetro cero de cualquier aventura en Gijón. Antiguo barrio de pescadores, sus calles estrechas guardan el secreto de la verdadera esencia local.

Aquí no se viene a ver monumentos, se viene a perderse. Tienes que subir hasta el Cerro de Santa Catalina para encontrarte con el gigante de hormigón más famoso del Cantábrico.

Hablamos del Elogio del Horizonte, la escultura de Eduardo Chillida que se ha convertido en el símbolo indiscutible de la ciudad asturiana.

Truco de Lucía: Ponte justo en el centro de la escultura y cierra los ojos. El efecto acústico del mar resonando en el hormigón es lo más parecido a una terapia de relajación gratuita que vas a encontrar.

Bajando del cerro, te toparás con la Cuesta del Cholo. Es el lugar de reunión por excelencia cuando sale un rayo de sol (o aunque no salga, que para eso somos del norte).

La Playa de San Lorenzo y el «Muro»

No puedes decir que has estado en Gijón si no has recorrido el Muro. Son casi tres kilómetros de paseo marítimo que conectan la Iglesia de San Pedro con la zona del Piles.

Fíjate en las «escaleras». Cada una tiene su número y su propia tribu urbana. La Escalerona (la número 4) es el epicentro, donde el termómetro marca la temperatura oficial de la ciudad.

Pero ojo, que Gijón tiene más arena de la que imaginas. Si buscas algo más salvaje, la Playa de Poniente o la zona del Arbeyal te ofrecen una perspectiva diferente de la industria naval.

La Autoridad Portuaria de Gijón ha trabajado años para que este entorno sea hoy un espacio de ocio de primer nivel, integrando el puerto deportivo con el casco urbano.

El secreto mejor guardado: Laboral Ciudad de la Cultura

Mucha gente comete el error de quedarse solo en el centro. ¡Error de novato! Tienes que coger el coche o el bus 1 para flipar con la Universidad Laboral.

Es el edificio más grande de España. Sí, has leído bien. Su torre es más alta que la Giralda de Sevilla y su patio central te hará sentir en una película de época.

Justo enfrente tienes el Jardín Botánico Atlántico. No es solo un parque con flores, es un ecosistema vivo donde perderse entre robles centenarios y bosques de laurisilva.

Este complejo es gestionado por el Principado de Asturias y es un ejemplo perfecto de cómo rehabilitar espacios históricos para el uso ciudadano y tecnológico.

Gastronomía: donde el bolsillo descansa

Hablemos de lo que de verdad importa: comer. En Gijón es casi imposible comer mal, pero hay una diferencia abismal entre ir a lo turístico y saber dónde se cuece el buen potaje.

Busca las sidrerías de la zona de la calle Gascona (en la vecina Oviedo, sí, pero aquí tenemos la calle Corrida y alrededores) para vivir el ambiente real.

Pide siempre el menú del día. Por unos 12 o 15 euros vas a comer platos de cuchara que te resucitarían un muerto, con su compango y su postre casero.

No te olvides de probar el cachopo, pero por favor, que sea para compartir. No intentes ser un héroe, que nos conocemos y luego vienen los lamentos.

Advertencia Gourmet: Si te ofrecen «sidra de mesa», recuerda que no se escancia. Si quieres la experiencia completa, pide sidra natural y prepárate para ver arte en cada culín.

Compras y cultura en el centro

La Calle Corrida es el eje comercial. Aquí conviven las grandes cadenas con comercios de toda la vida que resisten el paso del tiempo con una elegancia envidiable.

Si te va el rollo vintage, el Mercado Ecológico y Artesano que se celebra en la Plaza Mayor es una parada obligatoria para comprar quesos asturianos de verdad.

Hablamos de quesos como el Cabrales o el Gamonéu, que tienen denominación de origen protegida y un sabor que te explota en el paladar. (Acompáñalo con dulce de manzana, palabra de Lucía).

Para los amantes de la historia, las Termas Romanas de Campo Valdés ofrecen un viaje subterráneo al pasado imperial de la ciudad sin moverte del centro histórico.

¿Cuándo ir a Gijón?

Cualquier momento es bueno, pero si puedes elegir, la Semana Negra en julio es una experiencia que tienes que vivir al menos una vez en la vida.

Es un festival que mezcla literatura, norias, conciertos y bocatas de calamares. Una locura maravillosa que resume perfectamente el espíritu canalla y acogedor de esta ciudad.

También está el Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX), que atrae a cineastas de todo el mundo y llena las salas de cultura alternativa y debates apasionantes.

Si prefieres la calma, el otoño es ideal. El color de los árboles en el Parque de Isabel la Católica es, sencillamente, de otro planeta. (Ideal para esa foto de perfil que tanto necesitas).

Gijón es una ciudad que se camina, se bebe y se respira. No trates de verlo todo en un día. Deja que el ritmo del Cantábrico marque tus pasos y déjate llevar por lo que surja.

Al final, lo mejor de este viaje no será el monumento que fotografíes, sino esa charla con un local mientras esperas a que te escancien la siguiente botella de Trabanco.

¿Ya estás mirando billetes de tren o prefieres ir en coche por la costa? Sea como sea, Gijón te está esperando con la botella en alto. Nos vemos por el muro, ¿verdad?